Hazel había preparado un bolso lleno de ropa. Luego de que sus padres le quitarán todo acceso a la comunicación, la chica no había dudado en escaparse.
—¡No te reconozco, Hazel!—había dicho su madre bastante triste con su nueva actitud.
—Lo siento, mamá, pero ustedes no lo entienden. ¡Yo amo a Hermann!
—Pero ese muchacho no te ama a ti, ¿no has visto que ni siquiera ha venido a la casa para dar la cara?—cuestionó Amelia, dolida. Su hija estaba tan ciega de amor que no se daba cuenta de las c