Suya por última vez.
—Eres Alba, mi princesa, la niña que creí que estaba muerta, pero estás aquí —dice Esteban con una mezcla de asombro y certeza en su voz.
—Qué buena broma, Esteban —intento disimular mis nervios, aunque mi corazón late con fuerza.
Él se acerca a mí lentamente, sus pasos firmes resonando en el suelo hasta quedar a centímetros de mi rostro. Siento su aliento cálido y su mirada fija en la mía, penetrante y llena de curiosidad.
—Encontré tu fotografía entre tu ropa y he estado investigando. Rubí Sá