Ezra
El silencio es pesado cuando abro los ojos. La luz pálida del amanecer filtra a través de las cortinas rasgadas, proyectando sombras retorcidas sobre el suelo de la habitación. Alina duerme a mi lado, su respiración regular acariciando mi piel. Siento el calor de su cuerpo contra el mío, pero una frialdad insidiosa persiste en mis venas.
Me incorporo lentamente, deslizando mis dedos en su cabello oscuro. Ella gime suavemente, acurrucándose un poco más contra mí. Su perfume dulce me calma,