Para Evie fue hermoso estar en la que sería su nueva casa: la mansión Sanders. Le fascinó el momento exacto en el que se sentó en un sillón reclinable para que estuviera cómoda y le trajeron a su bebé. El poder cargarlo, apreciar sus mejillas regordetas y rojas, acurrucarlo en sus brazos y poder acariciar su piel fue la mejor experiencia que pudo vivir en el mundo.
Fue la primera vez en años que lloró de la alegría.
Le dio muchos besos en el rostro y lo arrulló hasta que Adem se durmió profun