Hazme tuya una vez más.
A pesar de los años, Ethan seguía mirándola como si no existiera nadie más en el mundo.
Amanda lo notó en la forma en que sus ojos la recorrían sin prisa, en el modo en que su respiración cambiaba cada vez que la veía así de cerca, y en esa necesidad casi desesperada que se le marcaba en el cuerpo y en la mirada.
No importaban los años de distancia, ni el dolor, ni el tiempo perdido. Ethan seguía deseándola como si el mundo se hubiera detenid