Eso ya pasó.

Amanda recordó el sueño con una precisión casi cruel y lo que había hecho después, y tuvo que tensar la mandíbula para no delatarse.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

El cuerpo todavía le guardaba la sensación como si hubiera ocurrido de verdad, como si Ethan hubiera estado ahí, pegado a su piel, respirándole en la boca.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Se obligó a ponerse firme, porque a esa hora, en ese pasillo, con Noah a dos pasos dormido, no podía permitirse flaquear. Ni aunque una parte de ella quisiera
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