La noche presionaba sobre la ciudad como un ser vivo, pesada. espesa y sofocante. Cada sonido el lamento lejano de una sirena, el zumbido de un coche, el suave susurro del viento por el callejón se sentía amplificado, como si la ciudad misma contuviera el aliento. Permanecí agachada cerca de la pared lejana del apartamento, ojos escaneando las sombras, mente calculando cada posible movimiento.
William seguía aquí en algún lugar. Tenía que estarlo. Podía sentir su presencia como un pulso en el a