La sombra en la puerta no se movió otra vez. En cambio, se volvió más aterradora y espeluznante, como un fantasma observándonos desde la oscuridad.
Un silencio pesado llenó el aire. Se extendió entre nosotros muy denso y sofocante, roto solo por la lluvia golpeando contra la ventana.
Cada segundo, mis instintos gritaban que la sombra era William, queriendo hacer un movimiento mortal. Me obligué a ser valiente, negándome a dejar que el pánico me envolviera, aunque ya flotaba en el aire. No podía