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La sorpresa de ver nuestros nombres en esa nota, nos hicieron temblar en nuestros asientos. Pero el señor Wagner, no estaba dispuesto a quedarse sentado con las manos cruzadas. Así que se levantó de su asiento, para pedirle a su personal algunas cosas.
–¡Quiero que la ropa de la señorita Williams, este empacada! –Le da órdenes a la servidumbre, mientras camina por el departamento con rapidez. Yo le sigo para preguntar, que trataba de hacer.
–¿Qué hace? ¿Nos iremos? –Preguntaba mientras seg