Hasta que amanezca

—Podrían vernos— Le comento, pero no lo detengo.

—Tal vez nos vean, pero tal vez no— Dice sin detenerse. Comienza a depositar besos en mi clavícula y continúa bajando hasta que está de rodillas en el suelo.

—¿Qué haces? podría entrar alguien— Le digo con mi pecho subiendo y bajando por la excitación.

—Quiero probarte— Me responde al tiempo que eleva una de mis piernas sobre su hombro e introduce su lengua en mi centro, con movimientos lentos y acompasados, quiero gritar del placer que estoy
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