Rocco
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Mientras nos alejamos observó por el retrovisor el edificio en llamas, la tormenta no ha parado y aún con la incesante lluvia las llamas parecen acrecentarse y tornarse cada vez más rojas, no me sorprendería que en este momento Stephano estuviera apoderándose del infierno. Una vorágine se apodera de mi alma, pero logro contener las lágrimas que pelean por salir de mis orbes que ahora sé han oscurecido por este sentimiento amargo de lo que hoy termina.
Fragmentos de recuerdos llegan a