Capítulo 88.

Del otro lado de la puerta, ignorante por completo de lo que acontecía en aquel cuarto, una prostituta se encontraba quejándose con uno de los camareros, quien la observaba sin saber que sería adecuado para agregar a la situación.

—Pero, se supone que a esta hora me toca a mí, a mí, ¡mi maldito turno!, la habitación a ésta hora siempre está libre para mí, ¿lo entiendes? —preguntó la muchacha de pelo grasiento y corto por el cuello. Caderas escuálidas y senos pequeños, pero sensuales. Entr
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