Capítulo 13.

—Su-eltame—fue lo único que lograron formular los labios de la bermeja. Aquella palabra no salió con ningún tipo de ímpetu, tan solo salió, como una petición enclenque.

—Soy tu novio, no me pidas que te suelte, mi querida Ada—alegó Derek olfateando el exquisito aroma de la rubia. Hace días le había ordenado de sumamente severa que no usara ningún tipo de colonia o incienso, que su olor natural era encantador, y que,

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