Mundo ficciónIniciar sesiónEl pánico se apodera de mí, porque sé lo que puede significar eso: una recaída de mi madre, así que, llamo por ayuda y los doctores corren a auxiliar a mi madre mientras yo me levanto de la cama, para que no me cobren una habitación extra.
— Su ritmo cardiaco… — Atiéndanla aquí, por favor. Somos de escasos recursos y… — Señorita, usted también necesita ser atendida. La señora Carmen aparece y me ayuda a alejarme del caos en el que no puedo ser parte para ayudar a mi madre cuando me duele mucho la cirugía. — No, concéntrense en mi madre, yo… — Debe calmarse, acaba de salir de una cirugía. — ¡Alteré a mi madre! ¡Eso no está bien! ¡No es bueno para ella! — grito desesperada. Una de las enfermeras me aleja con cuidado para que no me haga daño, mientras me desespero comprendiendo que en cualquier momento voy a terminar muerta de la angustia o por mano de mi madre al pecar tan gravemente. — Pueden atender aquí a su madre, yo me la llevaré para que se calme. — Yo… — Vamos. Ellos necesitan espacio para que atiendan a tu mamá. — dice la señora Carmen ayudándome a sentar en una silla de ruedas para llevarme lejos de la habitación donde atienden a mi madre. — Aunque no sufriste dolor o malestar durante el embarazo, la cesárea es algo totalmente diferente. Así que, lo mejor es que no te estreses y descanses un poco. — Yo… necesito hablar con mi madre. — Ahora no, Sandra. Ambas necesitan procesar todo. Además, el bebé también necesita de ti… debes conectar con él y pensar sobre lo que vas a hacer con el niño. Aunque quiero decir mi punto, toda la preocupación de un bebé del que apenas sé de su existencia y la reacción de mi madre, me hace desear huir lejos de aquí. Pero, eso no va a resolver los problemas. — Un bebé… — Pariste, eso fue… bueno, no pariste, te hicieron parir mientras casi nos íbamos al más allá. — explica la señora Carmen y yo siento que la que se va a ir al más allá soy yo por algo que no estaba en mis planes tener por ahora. — Mi madre va a matarme, entregué mi preciada flor y ahora tengo un niño que no conocerá a su padre. — Si eso pasa, entonces tendrá a una madre muy amorosa, responsable y competente. Podrás con esto. ‘Un hijo… ¿en dónde estaba mi mente para no darme cuenta de ello y cómo es posible que apenas ahora me diera cuenta?’ me pregunto mentalmente, pero, ni siquiera ahora puedo asimilarlo. — Mi madre no volverá a hablarme, esta noticia va a hacer que su recuperación se retrase. — Está sorprendida, pero, una noticia tan hermosa como lo es el nacimiento no es causa de muerte. Te amará y también a su nieto, solo dale tiempo para que lo procese así como tú también debes procesarlo. Solo puedo llorar, porque ni siquiera yo puedo explicar lo que pasa al punto que pueda entenderlo. Entonces, ¿Qué debería hacer? Mi cuerpo tiembla, tengo miedo y por eso, antes de hacer cualquier cosa, entro al baño con el fin de despejar mis pensamientos con agua fría en el rostro. Es solo cuando logro calmarme un poco, que me dirijo hacia la sección de bebés con el fin de saber dónde está el pequeño que supo esconderse hasta el final. Como si ya el caos no fuera suficiente, los altavoces se activan mencionando varios códigos que hacen que todos entren en pánico. — ¿Qué sucede? — Su bebé ha sido secuestrado. Un grupo armado irrumpió el área neonatal y se lo llevó. — informa una chica con el uniforme del hospital. La noticia por si sola es para dejarme aturdida, pero, los disparos que se escuchan después de eso, hacen que todo lo peor que pueda pasar, llegue a mi mente diciéndome que todo lo que hice para que no me encontrarán, ha sido en vano. — No puede ser. — Ellos informaron que era miembro de la familia García y nadie pudo meterse. Ni siquiera he podido asimilar lo que acaban de contarme, cuando María corre hacia mí llorando desconsoladamente. — ¡Sandra! — Cualquier cosa que vengas a contarle, debes recordar que ella acaba de despertar después de una cirugía de emergencia. — dice la señora Carmen intentando protegerme de algo que ya mi miedo me informa. — Tu madre… tu madre ha sido asesinada. — informa María y yo niego, mientras muevo la silla de ruedas rumbo a mi habitación. La señora Carmen cae devastada al suelo mientras yo me niego a esa declaración, por eso, con mis fuerzas muevo rápido esa silla de ruedas e intento caminar rápido cuando siento que no avanza lo suficientemente rápido, pero, ver al personal de seguridad en mi habitación y a los chicos del restaurante llorando, me dicen que no es broma. Sangre moja mi ropa y el dolor se intensifica al temer lo peor, pero, nada de eso me detiene, porque incluso cuando siento que cada paso es una agonía, el deseo de comprobar que es una broma pesada lo que me acaban de informar, me impide detenerme. — No entres, por favor. — Es mi madre, déjenme entrar. — ordeno mientras intento abrirme camino, aunque todo mi cuerpo duele. No me permiten hacerlo, pero, cuando alguien se mueve intentando detenerme, puedo ver los tiros en el rostro de mi madre y su pecho, además, hay un pequeño bulto con ropa azul que no se mueve. Sobre sus cuerpos hay un cartel con palabras escritas en un rojo sangre que aún se corre por la inclinación del cartel. El mensaje es claro: las putas no tienen a mi descendencia. No necesito buscar el culpable de esta tragedia. El crimen que deseaba que fuese una mentira, me hizo comprender que no era un error: jamás debí acceder a ayudar a ese maldito hombre y ahora, lo estoy perdiendo todo. — Mi familia no. ¡Por favor! ¡Ellos no! ¡Son inocentes! ¡Mátenme a mí, pero, a ellos no! — grito devastada. Pero, lo que estoy viviendo ya no se puede arreglar, mi familia ha muerto por culpa de mi ambición y subestimar al enemigo. — Lo mataré, juro que me vengaré de quienes hicieron esto. Bailaré sobre sus malditas tumbas. ¡Les voy a arrebatar todo! — grito intentando abrirme camino entre el personal médico que me impide ver a mi madre y el bebé que apenas ha nacido.






