Capítulo 3: Intervención quirúrgica

Una semana después

Aun me cuesta concentrarme en todo lo que debo hacer en el día sin dejar de pensar lo que pasó esa noche, al punto que me he convertido en una total pervertida debido a esos recuerdos lujuriosos.

— Por eso es que mi madre me decía que debía esperar el matrimonio para disfrutar de una nueva vida llena de placeres. — digo al tocarme y no sentir la misma sensación que experimenté cuando ese hombre peligroso me tocaba.

Rápidamente salgo a vestirme y preparar todo para que ese hombre no aparezca nuevamente en mi vida, por eso, limpio el auto y lo vendo por partes, pago la deuda del hospital, saldo mi deuda con la hipoteca y llevo a mi madre a una casa diferente donde solo somos las dos y la enfermera que viene a revisar la efectividad de su tratamiento.

Desde ese día, no volví a mi trabajo y es que no quiero que tenga la más mínima oportunidad de encontrarme, por eso, me concentré en organizar todo para mi cambio de vida, incluyendo mi trabajo. 

Con esa idea, busco negocios donde invertir, dejando atrás mi empleo como bailarina que a mi madre en caso de que se enterara, le daría mucha vergüenza.

Siete meses después

— Sandra, ¿te sientes bien?

— Claro, ¿pasa algo malo acaso? — pregunto confundida al ver la preocupación de uno de mis socios, cuando estoy organizando el menú de las festividades.

— Te veo cada vez más agotada y dudo que sea por un simple resfriado como nos dijo antes.

— O por pasar la noche con su madre. Porque ya ha estado mejor. — dice María.

Intento no darle importancia y concentrarme en la documentación correspondiente para continuar con el mantenimiento del negocio, sin embargo, comienzo a marearme y por eso, debo agarrarme con fuerzas de la silla más cercana.

— ¡¿Se encuentra bien?!

Camino sintiéndome un poco mal por el área bar, pero, el malestar que era como si estuviera congestionada ha empeorado y ni siquiera sé porque, cuando no ha llovido y ya estoy acostumbrada al frío de la madrugada. Pero, el malestar es grande.

— Es momento de cerrar. — anuncio a los empleados que juegan mientras terminan de limpiar la pequeña cocina de mi pequeño restaurante.

— Te ves terrible.

— Sí, desde que engordó y sus pechos crecieron tanto. — dice uno de los chicos en tono burlón.

Sí, he subido de peso y mis pechos han crecido mucho, pero, lo he relacionado con mi problema hormonal que siempre hace de las suyas. Además, como he dejado por completo el baile, ya no me ejercito y sin limitaciones monetarias, he comido muy bien durante todo este tiempo… lo suficiente para terminar con muchos kilos de más distribuidos homogéneamente.

— Sigo diciendo que lo mejor es que vayas al médico. — me dice Gabriela un poco preocupada por cómo me encuentro.

— Estoy bien y necesito organizar las nuevas mezclas de cocteles.

— Tiene miedo de ir al doctor y que la factura médica salga más cara que la renta de la casa blanca. — se burla Carmen.

— Yo me encuentro bien, solo debo…

Todo se torna oscuro para mí, es como si toda mi determinación en mentir se fuera por el cesto de la basura porque ya mi cuerpo no está para seguir mi mentira. Al parecer, vídeo terminación en ocultar lo que sea que me esté causando daño, ha llegado a su fin.

— Necesito que reacciones, señorita Sandra.

— ¿Qué…?

Intentó decir algo más mientras las luces que están en el techo corren tan rápido que me marean, al parecer, me están llevando a una habitación al quirófano con tanta urgencia que estoy por pensar que el tumor se me ha estallado o algo peor pasa en mi cuerpo que requiere intervención inmediata.

— No se preocupe. Ya estamos en el hospital. Aquí la van a atender. — dice alguien antes de nuevamente perder la consciencia.

‘¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? Apenas estoy disfrutando de los frutos qué tanto me costaron obtener.’ Me digo mentalmente.

Aturdida, intento salir de la oscuridad en la que me encuentro, para descubrir que mi realidad es mucho peor de lo que pensaba.

— ¿Qué…? ¿Qué pasa?

— Bueno, debido a su situación fue necesario intervenirla quirúrgicamente.

‘¿Acaso me estaba muriendo realmente con un tumor y por eso, me encuentro en este problema?’ me pregunto mentalmente.

— ¿Mi situación? — pregunto angustiada.

— ¿De verdad no sabía sobre su estado?

— ¿Qué estado?

— Tiene un embarazo que se ha complicado. Estamos haciendo una cesárea de emergencia.

No sé si es la anestesia, pero, la palabra ‘embarazo’ hace eco en mi mente mientras elefantes bailan de una forma tan errática que parecen drogados.

— No puede ser.

— Su presión no dejaba de subir, su cuerpo se estaba adelantando a un parto que…

— ¿Parto? ¿Embarazo?

‘No puede ser eso posible, yo no tengo vientre de embarazada, ¿Dónde podría estar el bebé en caso de que fuera así?’ me pregunto mentalmente.

— Ese es su diagnóstico, señora. Usted está en embarazo. Más específicamente estaba en la semana 30+3 de gestación.

— No…

Estoy por decir que está equivocado, porque ¿Cómo puedo quedar en embarazo cuando no tuve más sexo con alguien más y se supone que una primera vez no embaraza?

Pero, el llanto de un bebé hace que antes de maldecir a los doctores por diagnosticarme mal, quede sin poder respirar. Ya que, ¿Cómo puede ser posible que en pleno siglo XXI una mujer no se dé cuenta de un embarazo?

— Aquí tienes al pequeño que estaba escondido. Necesita atención prioritaria por no recibir los controles prenatales correspondientes. 

El bebé se ve demasiado pálido, incluso, muy delgado, aunque en comparación a como me he alimentado, está muy bien.

— Hay mujeres que hacen el embarazo creciendo de forma homogénea y no tienen algún malestar durante su gestación, de esa forma, ni se notan el embarazo.

Delante de mí, limpian al bebé, lo visten, me lo muestran y me dicen que es un niño sano a pesar de no tomar mis medicinas o hacerme estudios. También culpan mi descuido ante tantos meses sin periodo menstrual, aunque anteriormente me haya pasado lo mismo por quistes que se deshicieron sin problemas. Todo me abruma y por eso, vuelvo a desmayarme.

— Ya está despertando. — dice la señora Carmen mientras yo regreso a la consciencia implorando que todo se trate de una broma.

— ¡Sandra Lockwood! ¡¿Cómo es posible que estes embarazada?! — grita mi madre y vaya que lo está tomando tranquilamente, porque yo estoy que lanzo todo a mi alrededor.

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