Capítulo 5: Mucho dolor

Me quedo aturdida, el impacto es tan grande que el ruido a mi alrededor desaparece mientras yo grito sin poder escuchar mi propia voz. Todo está pasando tan rápido que cuando me desplomo, ya lo espero e incluso lo anhelo deseando que al despertar todo sea diferente.

Pero, por mucho que me despierte varias veces, los chicos me hablan y yo no los escucho, mientras hay muchos arreglos florales y personas que nunca había visto en mi vida. Por eso, no puedo tener un recuerdo lógico, secuencial y con audio.

— Los tranquilizantes como que están haciendo un trabajo que va más allá a la drogadicción que a la calma.

— ¡Alex!

— ¿Qué pasa? Solo estoy diciendo la verdad, mira como se ve: parece un cuerpo sin alma. — se queja Alex.

— No habla, no escucha y ni siquiera come, parece que está en estado vegetativo. — dice Andrés y yo suspiro profundo.

Aunque Alex es un chico demasiado dramático, no me sorprende que se exprese de esa forma cuando veo que no estoy en el hospital y que ni siquiera estoy en casa, si no… una funeraria.

— ¿No deberían estar en el restaurante? — pregunto con una voz tan áspera y seca que duele.

— Oh… finalmente has reaccionado. — dice la señora Carmen alejando a todos a su alrededor para agarrar mis manos.

— ¿Qué ha pasado?

Miro a mi alrededor, tengo periódico en mi abdomen y muchas personas que me sonríen levemente como si tuviera mucha lastima, aunque no tengo idea porqué.

— Todo va a estar bien, no te preocupes. — dice la señora Carmen.

— Mi madre… ¿Dónde está?

— Señorita Sandra, lamento mucho su perdida doble. Estamos aquí para…

— Silencio, señora Rubí. — dice Andrés llevándose lejos a la señora que no conozco.

— ¿Perdida doble? — pregunto confundida.

Todos se ven tan incomodos que nadie se atreve a hablar siquiera un poco de lo que está sucediendo, pero, mi memoria me dice todo lo que está pasando y quisiera olvidar o creer que es producto de mi imaginación.

Por eso, como puedo me levanto, pero, mis piernas parecen tan débiles que vuelvo a caer sentada mientras mi cuerpo duele.

— Tranquila, toma las cosas con calma, por favor. — piden todos mientras los presentes me observan con sorpresa o lastima.

— ¿Qué pasa? Mi madre…

— Los tranquilizantes, parece que no están haciendo su efecto. — dice Laura con nerviosismo.

— Por favor, díganme que mi mente ha perdido la razón y que por eso, todo esto está fuera de control. — digo y una de las chicas llama a emergencias.

— Estarás bien, necesito que te encuentres bien.

— Solo denme un poco de agua, por favor.

Todos entran en pánico, por lo que, se marchan rápido dejándome sola, por eso, me levanto por mi cuenta y me levanto rumbo a la reunión donde se encuentran muchas personas que han comprado comida en el restaurante o son mis vecinos.

— Señorita…

— Después me saludan. — digo caminando hacia un ataúd.

— ¡Querida!

Mi cuerpo duele demasiado, siento que en cualquier momento voy a morir y lo peor de todo, es que no parece producto de mi imaginación. Esto es una completa locura y tal parece que hace parte de la realidad.

— Por favor, siéntate y procesa lo que está pasando. Todo está bien. — dice Laura y yo niego mientras camino hacia un ataúd que no está abierto.

— Díganme que no es mi madre. — imploro mientras al lado del ataúd grande, hay algo pequeño y blanco que me angustia.

— Vamos a sentarnos y comer un poco. — pide la señora Carmen y yo intento abrir el ataúd.

Los chicos de mi restaurante, que son los únicos miembros más cercanos a una familia, quienes intentan alejarme del dolor que me aturde. Entonces, me auxilian sacándome de la funeraria, donde todos se acercan a darme las condolencias que tanto me angustian.

— Ven, vamos a dormir un poco, es algo demasiado fuerte.

— ¿Qué es fuerte? ¿Realmente mi madre y mi hijo han muerto? — pregunto angustiada y todos los presentes bajan la mirada o me observan con lástima.

— No te preocupes… todo vas a asimilarlo lentamente.

— Disculpe, es momento de ir al cementerio. — dice un encargado y yo siento como mis piernas flaquean incluso estando sentada.

Ni siquiera tuve tiempo para asimilar lo que está pasando cuando ya me encuentro en el cementerio cuando apenas estoy procesando que estuve embarazada y que tan rápido como supe del bebé, ya estaba muerto con mi madre y por eso, ahora los estoy enterrando.

Eso es lo que básicamente ha pasado, pero, ¿Por qué se siente tan diferente? ¿Por qué incluso aunque mis recuerdos me dicen que eso fue lo que pasó y el entierro se está efectuando, creo que es una completa mentira?

— Debes ser fuerte.

— Fuerte… mi madre se estaba recuperando, mi restaurante estaba despegando y ahora debo ser fuerte.

— Sé que es duro.

Muchas son las palabras de consuelo que me dan, pero, yo estoy en un trance donde me doy cuenta lo que pasa, pero, no soy capaz de siquiera moverme, solo puedo llorar en silencio, porque todo lo que creí que sería una bendición al dejarme sin deudas, ahora es una maldición completa.

Todos me consuelan, las personas lanzan flores a las tumbas y yo solo tensiono mi cuerpo sabiendo lo que realmente significa. Las personas se marchan, el cielo se oscurece y yo debo mantener mi distancia de la tumba de mi hijo y mi madre, porque mi cirugía es demasiado reciente.

Todos se van y yo quedo solo con mis empleados siendo mi único consuelo. Las lágrimas siguen cayendo y yo caigo sobre la tierra húmeda sabiendo que ahora mi mundo se ha ido por completo.

— Por dejarme llevar por esos billetes lo he perdido todo, incluso lo que no sabía que crecía en mi interior. — digo en un susurro.

— No pienses en eso. Mejor sigue adelante, es lo que tu madre querría ver.

Niego ante esa afirmación, lloro con todas mis fuerzas al punto que mi herida quema y lanzo arena a todas partes mientras los demás intentan consolarme. Duele todo: mi cuerpo mi alma y corazón, pero, algo es claro: debo hacerlos pagar.

— Lo siento, pero, voy a terminar con todo esto. Venderé todas mis acciones y me encargaré de esta injusticia por mi cuenta. — digo decidida a destruirlos como ellos lo hicieron conmigo.

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