Me miró pero no dijo nada.
“Gracias, Su Alteza Real, yo…”.
“No lo hice por ti”. Su mirada se posó en Elva, quien se veía muy pequeña en su cama de hospital. “Ningún niño en este palacio sufrirá ningún daño”.
“Aún así”. Agradecí su ayuda, sin importar el motivo que me diera. “Gracias”.
El médico nos miró. “Si me disculpan, llevaré personalmente la receta de Elva al farmacéutico. Es más seguro así”.
“Gracias”, dije, mientras Nicolás decía: “Sería lo mejor”.
Cuando el médico salió