En la mañana siguiente, la droga se había desvanecido de mi sistema y me sentí como antes otra vez. Bajé a desayunar, donde me reencontré con Elva, que se había quedado con Susie la noche anterior por orden de Nicolás.
Agradecí su previsión. Mortificada por mis acciones y sonidos, al menos me ahorré la vergüenza de explicarle todo a Marcos o a la niñera. O peor aún, a Elva.
Un pensamiento que me revolvía el estómago, que ni siquiera me atrevía a pensar en ello.
Así que cuando finalmente la