Su mirada envió un agradable escalofrío por mi espalda. Sonrojándome ligeramente, aparté la vista de él y miré hacia las cámaras. Su presencia me recordó dónde estaba y lo que Julián acababa de preguntarme.
Me aclaré la garganta. A Julián le dije: “Tendrás que esperar y ver”.
Él rio.
Diez minutos después, Julián me ofreció su mano: “¿Bailarías conmigo, Piper?”.
Sabía que estaba tramando algo, pero con las cámaras mirando, no pude negarme.
Puse mi mano en la suya. Cerró sus dedos a