—¿Markus no irá? —preguntó Ingen, sentado en el puesto de copiloto.
No se había resistido al secuestro. Era pequeño y saldría perdiendo si Vlad usaba la fuerza para someterlo. Cooperaría esperando el momento perfecto para escapar.
—No. Ha trabajado mucho y le di unas vacaciones —dijo Vlad, encendiendo el motor.
Perfecto, el sádico no quería testigos. Y tampoco necesitaba ayuda, si él era tan chiquito y fácil de matar. Apretó los puños, con impotencia.
—Sólo seremos tú, yo y el cielo —agregó