Movido por un firme deseo de venganza que no lo dejaba ni dormir, Andy Sewell salió de su habitación en casa de los Sarkovs y cruzó el pasillo para, con el sigilo de un gato, penetrar en la habitación donde su ex novia dormía como un angelito.
Había gente que no tenía conciencia ni derecho a dormir tan plácidamente luego de dedicarse a hacer con descaro el mal.
Se sentó en la cama y deslizó su mano bajo las sábanas hasta hallar una pierna de Sofi. Acarició la suave piel del muslo y siguió hacia