Elian carraspeó, nervioso.
– En el calabozo un día después que ella llegó –respondió Elian, lucía sincero pero Egan se preguntó si aquello era la verdad–. Solamente quise ir a verla porque me sorprendía que hubieses tenido un nuevo prisionero sin decirme antes quién era. Eso era todo.
La cabeza de Egan le daba vueltas. – ¿Y esa es la verdad? Porque Farham dijo algo distinto. Dijo que ella era la peor peste que tú habías encontrado. Necesito la verdad, tío, porque en este preciso momento siento