Elian sonrió maliciosamente, mientras las lágrimas salían de los ojos de Katya, con su mirada llena de horror y perdida en algún punto del papel.
– Sí, así es –Elian se inclinó hacia Katya–. Él no es un Caruso, no realmente. Alyssa nunca se enteró, pero no era necesario: ella estaba tan desesperada por darle un hijo a Eros, que hubiese recibido cualquier cosa que yo le diera.
Katya tragó en grueso. – Ese era el documento que estaba bloqueado en sus archivos, al que Egan no podía acceder –Elian