Una hora después, la sonrisa de Egan era incontenible. Y aunque las sonrisas normalmente lograban hacer feliz a las demás personas, la sonrisa que Argus le veía a Egan solamente le causaba que la piel se le pusiera de gallina y quisiera alejarse lo más que pudiese de él. Era desquiciada, completamente llena de maldad y malas intenciones.
El sujeto que Egan había encargado a Argus buscar, era solo un hombre común y corriente, de unos cuarenta años y un cabello oscuro lleno de canas. Argus ni siq