Egan abrió la pesada puerta de metal unos minutos después. El lugar era oscuro, tenía un inminente olor a humo de tabaco, sudor y cerveza vieja por todas partes. Había un anciano bastante decrepito trapeando la pista y un par de cantineros limpiando la barra. Se notaba a leguas que el día anterior había ocurrido alguna pelea o una fiesta muy extrema, pues el lugar estaba hecho un asco.
Pasando de toda la parte del bar, Egan rodeó la pista de baile y subió las escaleras hasta el segundo piso. La