Si aceptas...
Cuando Katya logró subirse al asiento trasero, Egan estaba ya entrando al copiloto. Le ofreció una manta y una botella con agua, y Katya sintió desconfianza de aquel gesto.
Eso hizo rodar los ojos a Egan. – Toma el agua de una puta vez, no quiero ser descortés al obligarte a tomarla y tampoco quiero que te desmayes.
Katya finalmente la tomó y su garganta casi gimió de placer al sentir el refrescante líquido bajar por su garganta.
El camino duró apenas unos pocos minutos, que perfectamente lo hub