Con un gruñido y girando sus ojos, Egan contestó la llamada.
– ¡Qué momento más oportuno, primita! –Egan se sentía impotente.
Estaba feliz de saber que Katya no había sido secuestrada ni esclavizada por Artem, pero eso solo lo devolvía al inicio donde no tenía ni la menor idea donde ella estaba pues ni siquiera estaba con su madre.
– ¡El oportuno eres tú, Egan! –Gritó Sylvana, quien usualmente era dulce y hermosa, ahora sonaba furiosa a un nivel desproporcional–. ¡¿Estás pensando en ir a metert