Un hermoso auto negro blindado se estacionó en la entrada de la casa de Egan. Tanto él, como Katya y Argus esperaban de pie en la puerta.
Katya se había cambiado la ropa a una un poco más casual y deportiva, mientras que Egan permanecía en su traje. Argus estaba ayudando a Egan a cargar bien su pistola y le dio algunas balas extras.
Katya, por su parte, no pudo despegar la vista de aquel brillante artefacto que le había causado tanto malestar los últimos días. La culpabilidad por lo que le suce