Katya oía un terrible pitido en sus oídos. Estaba desorientada, su cabeza dolía y no lograba comprender lo que había sucedido. Estaba frío el suelo en donde ella yacía, con el último recuerdo en su memoria de un enorme charco de sangre salpicando por el aire.
– ¡No, Sylvana! –Oyó un grito, pero la voz se oía tan lejano que Katya se preguntó si solamente era su mente haciéndole una mala jugada.
Katya trató de levantarse, pero incluso abrir los ojos era un enorme esfuerzo que no lograba aún. La l