Katya se quejó en voz baja. Ella nunca había visto a Argus entre la multitud, pero sí sabía que Egan le había dado órdenes de seguirla.
– Claro. Argus –dijo Katya sin una pizca de gracia–. Entonces también te dijo que la plática con el señor Messina fue bastante informativa, ¿cierto?
Egan miró a Katya nuevamente, el masaje de su trasero se había detenido de golpe y el rostro de Egan tenía, literalmente, un signo de exclamación plasmado en él. Katya podía oír sus alarmas encenderse desde donde e