– Con permiso –una tercera voz entró en la conversación. Era el anciano que se había sentado en la misma mesa que Katya, Egan, Vanessa y su novio. Ella no podía recordar su nombre, pero sí recordaba que aquel hombre le había preguntado a Katya si era la hermana de Egan–. Oye, niña –miró a Katya como si no la hubiese visto antes allí. Con rapidez, tomó su mano con fuerza, incluso para ser un anciano tenía un agarre fuerte, y tiró de ella–. Te he estado buscando desde hace rato. ¡Vámonos! Egan deb
Rebe Siro
¡No olvides calificar este libro con 5 estrellas! Dos actualizaciones diarias.