77. Lo inevitable
Hellen recibió el desayuno de manos de Hadriel, y en ese gesto, aunque sencillo, encontró un eco de algo más profundo. La manera en que él le había preparado la comida, la forma en que la había servido con precisión y cuidado, la dejó un poco desconcertada. No podía negar que había una calidez inesperada en ese gesto, aunque sabía que no debía leer más allá de lo que realmente era: una cortesía entre esposos, parte del acuerdo que habían establecido. No había amor en esto, se recordaba a sí mis