22. La llovizna
La rutina bien planeada y elaborada de Hadriel había sido asaltada por una mariposa, cuyo aleteo había aflorado raros sentimientos que se habían mantenido ocultos en los lugares más inhóspitos de su alma. No era amor, ni tampoco enamoramiento. Era un enorme deseo de protección y pasión, los que habían emergido de ser al compartir con ella. Llegó espacioso baño, en el que los vidrios de la ventana, así como los de la sala de estar, dejaban ver un maravilloso paisaje de la ciudad. Había una tina,