Capítulo Veintidós; siempre y para siempre.
Siento el viento golpear mi cara y juega con mi cabello. Abro mis brazos y siento por primera vez la libertad abrazarme.
No he parado de sonreír desde que salimos de la casa de Damián y es que está aventura me llena de emoción por qué es la primera vez que salgo sin mis padres o sin Sebastián.
—¿Estás bien allá atrás? –grita por encima del viento Damián y yo me acurruco a su cuerpo y grito un "si" que lo hace sonreír.
Se detiene a la orilla de la carretera y bajo para estirar mis piernas y él