- Es un placer conocerla. No recuerdo haber oído hablar de su país.
- Os ruego que os inclinéis ante Vuestra Alteza, la princesa de Alpemburgo -intervino Lucca en mi nombre. - Y también ante su príncipe, Lucca Levi Mallet.
La mujer se inclinó de inmediato, bajando el rostro:
- ¡Alteza! Le pido disculpas por mis malos modales.
- Si mi hermano permitió que le llamara por su nombre, yo no le concedo tales intimidades. - Fue altanera.
- ¡Lo siento, Alteza! No te vi... Lo siento.
- Pero usted me vio