No pregunté dónde dormiría. Simplemente entré en su habitación. Toqué la taza de té y me molesté:
- Estaba fría.
Catriel se tiró en la cama, tal como estaba.
- ¿Podría... ¿Usar tu baño? Necesito una ducha.
Levantó la cabeza:
- Puedes usar lo que quieras. Todo en este lugar es tan mío como tuyo.
- Incluido... ¿El dormitorio? - Sonreí.
- El nuestro. - se rió.
- Yo también necesito ropa. Mis maletas se quedaron en algún sitio... Entre el barco y la capilla. - Intenté recordar dónde las había dejad