Toqué su pecho y bajé lentamente la mano, sintiendo la tela de su camisa ligeramente húmeda por el sudor, siguiéndola con la mirada. Cuando llegué a la zona bajo su ombligo, lo miré fijamente:
- Tal vez el propósito de Dios al dejarme con vida era éste: encontrarte... Y borrar lo malo de tu vida...
- ¡No tengo ninguna duda, mi amor! - Tomó mi barbilla entre sus dedos, levantándola hacia él - Siéntete libre, si quieres... Pues... Tócame. - Se rió, arrugando la frente.
-¿Estás seguro? Tu padre...