Tenía tanta confianza en nosotros, a quienes apenas conocía, que casi no lo podía creer.
Fui a la habitación y abrí la ventana, que no tenía vidrio, mirando al mar azul verdoso frente a mí, el aire puro y fresco entraba al dormitorio sin restricciones. Cerré los ojos y respiré el olor del aire del mar, que tanto me gustaba. Al lado de la ventana encontré una puerta y la abrí, saliendo al estrecho balcón que contenía una escalera hacia la playa.
Sentí unos brazos cálidos envolviéndome y toqué la