Me acerqué a ella y la abracé con fuerza:
- Tienes que estar segura de lo que sientes y decírselo a Henry, Pauline.
- I... ¡Ya estoy segura! - Me susurró al oído, dejando que las gruesas y calientes lágrimas corrieran goteando sobre mi hombro- Y el hecho de darme cuenta me destrozó por completo. Porque... Es una persona imposible de no amar.
- Creo que lo amas, Pauline. Pero ya no como hombre. Lo amas como el padre de tus hijas, como un amigo... Como el hombre que te sacó de Alpemburg, te hizo