La desesperación se apodera de mí de una forma extraña, nunca antes me había sentido tan desesperado y lleno de impotencia. Ante mis ojos está el cuerpo de la mujer que amo, en el suelo, yaciendo probablemente herida y nuestro bebé debe de estar en un eminente riesgo. Camino hacia ella con miedo de que ella ya no esté respirando, me arrodillo a su lado miedoso y aterrado, tomo su mano débil. Se desmayó, respira, pero no está consciente.
—Maxine... no me vayas a dejar, por favor... no...— susur