La respiración agitada de mi padre y la mía son lo único que resuena por toda la casa vacía. Su pecho sube y baja de un modo violento y amenazante. Su mirada es la que me dice que en cualquier momento va a atacarme con sus palabras filosas, él solo tira matar y creo que lo ha conseguido, pues todo lo que dijo resuena por mi cabeza una y otra vez. Mantengo la vista en sus ojos, los cuales parecen oscuros y llenos de odio, no puedo creer que sea a mí a quien odia. No soy la Maxine de veintiséis a