Arrastrando mi equipaje recorro el pasillo de mi casa que me lleva hasta el elevador. Ya han pasado dos semanas más y a pesar se que intento no llevar la cuenta de ello, la chica desconocida sigue sin llamarme. Es obvio, ella no quiere nada conmigo y sí, me ha tomado un miserable mes para darme cuenta de que solo fue una noche más en su lista. Seguramente ella debe de estar pensando que antro visitará esta noche y quizás pensando en si esta noche la pasará con algún hombre que le parezca guapo