La noche avanzaba y me tumbé en la cama con una extraña sensación de expectación, mientras mi mente repasaba una y otra vez todo lo que había ocurrido la noche anterior.
Esperando y esperando, justo cuando estaba a punto de dormirme, oí de nuevo el chasquido de la puerta al abrirse, acompañado de un silbido.
Inmediatamente recobré el sentido, una mezcla de miedo a lo desconocido y una sensación de expectación.
Había dos personitas peleándose en mi cabeza.
Una decía: «¡No puedo creer que no llama