La pesada puerta de pantalla no solo se cerraba; parecía el último clic de las esposas que rodeaban los muñecos de Olivia.
Dentro del oscuro apartamento, la única luz provenía del brillo azul y parpadeante de la antigua televisión donde se reproducía una caricatura genérica en un susurro bajo. Noah se sentó en el borde del linóleo desgastado; su mapa de planos estaba extendido como un escudo sobre sus rodillas. No estaba mirando la pantalla. Sus ojos oscuros y intensamente inteligentes estaban