Mundo ficciónIniciar sesiónEl rostro de Benjamín se contrajo y pareció otra persona. En ese momento, sus ojos se desviaron hacia el suelo y todo el brillo se vació por la insatisfacción.
— Yo no te traicioné —respiró hondo porque sintió que su corazón iba a dejar de latir en cualquier momento—. Sé que debí haberte dicho la verdad, pero no me acosté con Helen.
— Tu mentira ya fue una traición —Antonela hizo un esfuerzo enorme para no llorar delante de él—. Dijiste que estabas trabajando y te fuiste al hospital con ella.
La voz de ella se había endurecido de tal forma que fue como si dos manos agarraran el cuello de Benjamín, apretándolo hasta que no tuvo fuerzas para continuar.
— Sé lo que vi —continuó—. Deberías dejar de mentirme y confesar lo que hiciste.
Sus ojos se levantaron de repente y







