Benjamín se fue tan deprisa que, cuando Antonela se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Fue inevitable que su rostro se ensombreciera como un día nublado. Nadie supo explicar por qué se había marchado tan rápido, pero Antonela imaginaba sus motivos: la presencia de Dante le incomodaba.
Ella se quedó pensando en aquello, mientras observaba el lugar vacío, sintiendo como si su día hubiera perdido completamente el encanto.
— ¿Estás bien, Antonela? — la voz de Dante rompió el silencio, haciéndole r