Henrico consultó el reloj, dándose cuenta de que era un poco tarde. Además de hacerle compañía a Benjamín e irritarlo, aunque él dijera que no, aquello no lo estaba ayudando a preocuparse menos por Adam.
Henrico sabía que debía mantenerse tranquilo y positivo, pero esperar noticias era demasiado. También lo era para Benjamín.
Él se levantó lentamente, y Henrico se apresuró a ayudarlo.
—Calma —dijo Henrico, notando su agitación—. ¿A dónde quieres ir?
—A ver a Adam —su voz estaba jadeante—. No so