El sol del final de la tarde se colaba por las rendijas de las ventanas abiertas, dando paso al viento helado de la noche que se aproximaba. El cielo indicaba que una tormenta estaba cerca. Benjamín se dio cuenta de esto, pues giró el rostro y miró hacia afuera. No soportó ver a Antonela junto al gobernador.
—¿Estás bien? —la voz de Dante rompió su ensimismamiento, y era la única voz que no quería oír.
Tardó en girarse y mirarlo. Necesitó un esfuerzo enorme para no expresar cuánto le irritaba l