Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Valeria
Nunca pensé que terminaría sentada en el bar de un hotel con un desconocido. Pero esa noche… ya nada tenía sentido. El hombre frente a mí era diferente a cualquier persona que hubiera conocido. Alto. Serio. Y extremadamente guapo. Podría decir, incluso, que superaba a Daniel. Pero no era solo su apariencia. Había algo en su mirada. Una intensidad que parecía analizar cada uno de mis movimientos, como si intentara descifrar algo que ni yo misma entendía. Tomé un pequeño sorbo de mi bebida. —Gracias por el trago —dije después de un momento. —No es nada. El silencio se instaló entre nosotros. Pero no era incómodo. Era… extraño. Como si ambos estuviéramos tratando de entender cómo habíamos terminado ahí. —¿Siempre ayuda a desconocidas que acaban de descubrir que su vida es una mentira? —pregunté. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —No. Levanté una ceja. —Entonces supongo que soy una excepción. —Tal vez. Giré lentamente el vaso entre mis dedos. El hielo chocó contra el cristal con un pequeño sonido. —Debo admitir algo —dije finalmente. —¿Qué cosa? —Es extraño estar aquí hablando con usted. —¿Por qué? Solté una risa sin humor. —Porque hace una hora pensaba que tenía el matrimonio perfecto. El recuerdo de la habitación volvió a mi mente. Daniel. Camila. La risa de ambos. Tragué saliva. —Y ahora resulta que mi esposo me engaña con mi propia hermana. El hombre frente a mí no pareció sorprendido. Eso me llamó la atención. —¿Sabe qué es lo peor? —continué—. Que siento como si toda mi vida hubiera sido una mentira. El silencio cayó entre nosotros. Luego él habló. —A veces las personas muestran su verdadero rostro demasiado tarde. Levanté la mirada hacia él. —Habla como si conociera bien a mi esposo. Hubo una pequeña pausa. Entonces él tomó un sorbo de su bebida. —Digamos que Daniel Whitmore y yo nos conocemos. Mi estómago se tensó. —¿Son amigos? Una sonrisa fría apareció en su rostro. —Todo lo contrario. Fruncí ligeramente el ceño. —Entonces… ¿son rivales? —Podría decirse que soy el hombre que tu esposo menos quiere ver en una habitación. Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda. No sabía por qué. Tal vez era el alcohol. Tal vez era la noche. O tal vez era la forma en que me estaba mirando. —Entonces supongo que esta situación debe resultarle interesante —dije. —¿Por qué? —Porque está viendo cómo la vida perfecta de su enemigo se desmorona. Él no respondió de inmediato. Solo me observó durante unos segundos. Luego dijo algo que me tomó por sorpresa. —Créeme, Valeria… esto no se parece en nada a una victoria. Parpadeé. Su expresión apenas cambió. Asentí lentamente. Tomé otro sorbo de mi bebida. —Mi esposo me odiaría si supiera que estoy aquí hablando con usted. El hombre soltó una pequeña risa. —Eso es muy probable. Lo observé durante unos segundos. —Ni siquiera sé su nombre. Finalmente respondió. —Alejandro. Asentí lentamente. —Mucho gusto. —El gusto es mío. El silencio volvió a caer entre nosotros. Pero esta vez era diferente. Más intenso. Más peligroso. Pero nada de eso tenía importancia para mí, me sentía dolida, traicionada. Solo estaba tratando de adormecer el dolor en mi corazón. … POV: Alejandro No esperaba encontrarme con Valeria Whitmore esa noche. Aunque llevaba años escuchando su nombre. Daniel siempre hablaba de ella como si fuera el símbolo de su vida perfecta. Su matrimonio perfecto. Su esposa perfecta. Pero la mujer que estaba sentada frente a mí no parecía parte de ninguna vida perfecta. Jugaba distraídamente con el borde de su vaso. Sus ojos aún estaban ligeramente rojos. Pero había algo más en su expresión ahora. Algo más fuerte. —No tienes que quedarte si no quieres —dije finalmente. Valeria levantó la mirada. —¿Y hacer qué? Su voz estaba más firme ahora. —¿Volver a la casa que hemos compartido por años y fingir que todo está bien? No respondí. Porque los dos sabíamos que eso era imposible. Valeria soltó un suspiro. —Cinco años… —murmuró. —¿Cinco años?— pregunté —De matrimonio. Bajó la mirada hacia su bebida. —¿Sabes qué es lo peor? —¿Qué? Sus dedos se tensaron ligeramente alrededor del vaso. —Que mi hermana sabía todo de mí, era como mi mejor amiga. Hizo una pausa. —Mis miedos. Mis sueños. Todo. El silencio se volvió pesado. —Algunas personas solo saben destruir lo que otros construyen —dije. Valeria levantó la mirada. —Hablas como si lo supieras por experiencia. Solté una pequeña risa sin humor. —Digamos que Daniel Whitmore no solo destruyó tu matrimonio. Sus ojos se abrieron un poco. —¿Qué quieres decir? La observé durante unos segundos. —Que ese hombre no es nada de lo que conoces ni aparenta Valeria guardó silencio. Luego inclinó ligeramente la cabeza. —Entonces supongo que tenemos algo en común. —¿Qué cosa? Una sonrisa amarga apareció en sus labios. —Los dos odiamos al mismo hombre. Soltó una pequeña risa. Como si fuera un chiste. Las comisuras de mi boca se elevaron en lo que podría ser una sonrisa, tome un trago más y de repente una idea se instaló en mi mente.






