Alicia Montero.
Me encontraba esposada a un caño y con una bolsa en la cabeza. No lograba dejar de llorar; el miedo me paralizaba. No quería que nada malo me pasara ni a mí ni a mi bebé. Cada pensamiento me llevaba a Damon, a su carita cuando me pide que le lea un cuento antes de dormir. No podía dejar solos a mis pequeños. Sentía que el aire se me escapaba y mi corazón latía con fuerza, cada latido un recordatorio del pequeño ser que crecía dentro de mí.
Intenté calmarme, respirar hondo, p